El informe ENTSO-E descarta que las renovables fueran la causa del apagón ibérico

Un año después del apagón del 28 de abril de 2025, el análisis europeo apunta a una combinación de factores técnicos vinculados al control de tensión, la potencia reactiva y las desconexiones en cascada


El primer aniversario del apagón eléctrico en la península ibérica llega con una conclusión técnica clara: el incidente del 28 de abril de 2025 no puede atribuirse a las energías renovables como causa única ni principal. El informe de ENTSO-E describe un episodio excepcional, el más grave en el sistema eléctrico europeo en más de dos décadas, resultado de causas múltiples e interconectadas.

Una subida de tensión que el sistema no pudo contener

Según el informe final del grupo de expertos europeos, el colapso se desencadenó tras una subida rápida y descontrolada de la tensión en el sistema ibérico. El fenómeno se combinó con una pérdida de control de tensión, una capacidad insuficiente para absorber potencia reactiva y una sucesión de desconexiones de generación.

Antes del colapso, el sistema había registrado dos oscilaciones relevantes: una de carácter local, asociada a equipos convertidores, y otra de ámbito interárea dentro del sistema europeo continental. Las medidas operativas aplicadas para amortiguar estas oscilaciones fueron efectivas para reducirlas, pero también contribuyeron a elevar la tensión en el sistema ibérico.

Por qué no es correcto culpar a las renovables

El informe no responsabiliza a las energías renovables del apagón. Sí señala, sin embargo, que muchas plantas renovables operaban con factor de potencia fijo, lo que limitaba su capacidad de responder dinámicamente a los cambios de tensión. También identifica otros elementos: reactores de compensación operados manualmente, márgenes reducidos entre los límites de tensión y los umbrales de desconexión, ajustes de protección no siempre alineados con las necesidades del sistema y limitaciones en el control de tensión de generadores convencionales.

Cuando varias unidades de generación se desconectaron, el sistema perdió capacidad de absorción de potencia reactiva. Esto acentuó aún más la sobretensión y aceleró una cadena de desconexiones que, en cuestión de segundos, condujo a la pérdida de sincronismo de la red eléctrica ibérica con el resto de Europa.

Por tanto, la pregunta clave no es si había demasiadas renovables, sino si el sistema estaba lo bastante preparado para integrarlas con las herramientas de control, regulación y coordinación necesarias.

Energías renovables, Pexels (Quang Nguyen Vinh)

Más ingeniería para una transición energética más resiliente

Para el sector, el aprendizaje es profundo. La transición energética exige una red eléctrica más flexible, observable y digitalizada; más coordinación entre operadores, distribuidoras, generadores y agentes del sistema; y una mejor integración del control dinámico de tensión.

También refuerza la necesidad de incorporar soluciones como el almacenamiento energético, nuevos sistemas de compensación, inversores más avanzados y procedimientos operativos adaptados a una generación cada vez más distribuida y renovable.

Desde la perspectiva de Wattega, el debate no debería centrarse en frenar las renovables, sino en acelerar la modernización técnica del sistema. La sostenibilidad necesita infraestructura, planificación e ingeniería energética rigurosa. Solo así la integración de renovables podrá avanzar con mayor seguridad, mayor estabilidad y mayor resiliencia del sistema eléctrico.

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